Bar Basque: Worth it for the drinks and view, but not for the food

By Carey Reed Zamarriego
(la versión en español está abajo)
I was really looking forward to sampling the fare at BarBasque, a tapas restaurant on the second floor of the swanky new Eventi hotel between 29th and30th on 6th Avenue in Chelsea. I ventured there after work with my friendDanny, a former Barcelona, Spain resident as well.


As we approachedthe hotel, there were no signs indicating BB’s existence. When we stepped offthe elevator on the second floor we were confronted by a red wall with plasticcomputer chip replicas embedded into it. We were confused. The decor wasderanged, with a sci-fi meets coastal Mediterranean fine dining restaurantweirdness.

We headed to theoutdoor space, which was exquisite, save for the surveillance camera-esqueblack floor lamps that seemed to watch our every move. We reclined on the whiteleather couches, while a group of fancier folk partied in the shrub-walled inVIP area to our left. The large sliding glass wall panes around us made thespace feel like a modern greenhouse. Across from us was a jumbo TV screen in asmall courtyard, which is used for outdoor film and video projections in the warmermonths. The one thing that did look Spanish and also added a bit of levity tothe place was a large sculpture of a pig.


The tapas, likethe decor were equally disappointing and a bit bizarre. First, the octopus wasrubbery and came disguised in a sardine tin. The ham croquettes were crunchyand buttery, but didn’t appear to be cooked all the way. The patatas bravaswere listed on the menu to be accompanied by chimichurri (an Argentine sauceusually served with steak). Freaked out by this, we requested a side of alioli(the smooth garlic sauce bravas usually come with in Barcelona). The potatoescame overdone, with a bizarre thick glob of a barbecue-like sauce below them.The alioli side sauce was nowhere to be found, till we asked three more timesfor it. We kind of got the feeling we were not being catered to in the same wayas the beautiful people who surrounded us. At the same time the bill wasdelivered a staff member slammed a ‘Reserved’ sign down on our table—we got themessage.


I would go back toBB for the cocktails. The mojito was refreshing, not at all too sweet and theberry gin and tonic with an abundance of gorgeous blackberries, strawberriesand blueberries delighted my friend.


Oh how I miss LaXunta, a fantastic East Village authentic tapas joint that closed down. GuessI’ll just have to stick to my tapas trials and hope I find a winner. Got anysuggestions?

——–
(la versión en español)
Hoy en día parece que cada cinco minutos abre un bar de tapas en la ciudad deNueva York. Uno de ellos que acaba de abrir es el BarBasque, un bar-restaurante de tapas situado en la segunda planta delnuevo hotel Eventi, que estáen la 6a avenida entre las calles 29 y 30 en el barrio de Chelsea, Manhattan.Fui a echar un vistazo con mi amigo Danny, quien vivió durante un tiempo enBarcelona, como yo. 


Teníamos muchasganas de tapear pero cuando nos acercabamos al hotel ni había un cartél, ninada avisando que había un bar-restaurante de tapas por ahí. Yo tenía quepreguntar a una empleada en la entrada del hotel para saber si estabamos en elsitio correcto. Subimos a la segunda en el ascensor y cuando abrieron laspuertas, flipabamos. Enfrente de nosotros había una pared gigante, rojo, con loque parecían ser chips de ordenadores. El interior era muy extraño, fue unamezcla de estilos. El estilo de un restaurante tipico de la costa delmediterraneo con el estilo de un bar de cienca-ficción. Fue muy, muy raro.


Fuimosdirectamente a la terrazza que era exquisita, menos las lámparas que parecían acámaras de vigilancia. Pero bueno, nos sentabamos en las sofas blancas decuero, muy modernas y comodas. A lado había una sección VIP que había escondidodetrás de un muro de arbusto. Afuera, enfrente de donde estabamos había unapantalla gigante, a lado de un patio, es ahí donde proyectan videos y pelis alaire libre durante los meses de verano. El único toque super español fue unaescultura gigante de un cerdo.


Y las tapas,pues eran tan malas como el diseñodel interior. El pulpo era correoso y supresentación, extraño. Vinó el pulpo en una lata normalmente utilizado paraanchoas. Las croquetas de jamón fueron un poco mejores. Aunque parecían quefaltaban unos minutos más al horno. Y las patatas bravas, mi tapa preferida,pues en la carta decía que van acompañadas de una salsa chimichurri, quenormalmente se sirve con carne. Nosotros pedimos alioli en vez de chimichurri.Pero cuando el camarero nos trajo las bravas no había el alioli, tuvimos quepedir tres veces más hasta que nos lo trajo el alioli. Quizás si hubiesemossentado en la sección VIP hubiesemos recibido un mejor tratamiento. Porque almomento de pedir la cuenta, otro empleado del BB vinó y puso en la mesa uncartél ‘reservado.’ Fue cuando nos dabamos cuenta de que no estabamosbienvenidos ahí.


Yo regresaré aBB para tomar unos cocteles porque el mojito y el gin tonic con moras y fresasfueron refrescantes y sabrosos. Pero no puedo evitar de extrañar La Xunta, unsitio de tapas que estaba en el barrio East Village hace años. Se cerró hacemucho y es una pena, porque fue un sitio de tapas ideal. Lo único que puedohacer es seguir en mi busqueda de encontrar el sitio perfecto de tapas en Manhattan.¿Alguien tiene sugerencias?
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